A Seattle y al mundo del arte: buena suerte, chao, adiós...

Llegué a Seattle una mañana de primavera del 2010... en tren y bus desde el aeropuerto. Llegué con la esperanza de volverme independiente y de salir adelante en mi carrera, de hacer una maestría en la Universidad de Washington y triunfar. Mi independencia llegó, mi carrera surgió hasta culminar en el CORAI Project, enorgullecí a profesores y seres queridos, aunque lo de la maestría nunca se dió. Aprendí mucho de si misma; de lo que soy y lo que no soy... amén de otras cosas que me mostraron lo que no queria seguir siendo. El próximo mes me iré de Seattle como una fugitiva: a mitad de noche un chófer vendrá a recogerme a la puerta de mi casa para llevarme al aeropuerto y no volver. 

Bueno, volveré a visitar.

El momento en que dejé de tambalear entre irme o no de Seattle me llegó una tarde monegasca de junio cuando tratando de sacar del bolso la llave del apartamento en Rue Grimaldi se me enredó con otros dos pares de llaves (la de Milano y la de Seattle). Al ver los tres pares de llaves, al fín libres, sobre la cama, les tomé una foto para así no olvidarme de la decisión que había tomado. Fue un momento de claridad... ayudada por la sabiduría de mis dos tías que me acompañaban.

 Las llaves de la decisión fatídica... 4 de Junio del 2018. Seattle, Milano, y Monte Carlo. 

Las llaves de la decisión fatídica... 4 de Junio del 2018. Seattle, Milano, y Monte Carlo. 

Por otro lado, entrar al mundo del arte siempre fue mi segunda opción y aún así me fue bien -- mi hoja de vida es un testigo vivo de lo que he hecho con dedicación, cariño, y tenacidad en servicio a todas las comunidades de las que he sido parte. Pero como muchos entenderán, el primer amor nunca se olvida. 

Tomar la decisión de regresar a la costa este estadounidense no fue del todo fácil pero, cuando al fin la tomé, una sensación de alivio me llenó -- no es la mejor señal de estar en el lugar correcto. Cuando tomé la decisión de utilizar esta oportunidad para cambiar de carrerra y lanzarme a hacer lo que quería cuando joven, entré en un estado de fascinación con ese campo. Tal como cuando tenía 16 años. Aquella conexión no se había muerto.

Nada me puede quitar mi experiencia como historiadora de arte o mi título. Nada me puede quitar las destrezas que 12 años de museos me dieron. Solo que es hora de hacer otras cosas y estar en otros lugares. Es más, ni sé si la costa este es mi punto de llegada o solo una intermisión en la gran obra de mi vida. Ninguno de los lugares en los que he vivido (que corresponden a cada una de las fotos en la página principal, excepto la última) han sido mi destino final. 

Hora de echar suertes...