Pedirle Peras al Olmo

Preámbulo: Esta es una de esas historias que se me han clavado en el cuerpo como un cuchillo, pero que de pronto escribiéndola aquí y dejándola libre para que el universo haga con ella lo que quiera tal vez me de un poco de paz. Con este texto en español también estoy ensayando la nueva dirección de mi blog. En inglés seguiré escribiendo sobre arte pero en español me enfocaré en lo personal.

 
Siempre me tocaron ojos grises, verdes, verdiazules pero nunca ojos café… como los míos. Leí en algún lugar que enamorarse de unos ojos café puede producir insomnio. Los tuyos, con esa vulnerabilidad y tristeza, me quitaron el sueño y me hicieron llorar como no lo había hecho en un buen tiempo. Con esa labia hermosa de abogado frustrado y con aire de saber más de arte y cultura que yo, me enamoraste a pesar de no estar de acuerdo con algunos de tus argumentos, valores, opiniones, y notar la distancia que existía entre lo que decías y lo que hacías. Sabía que eras pretencioso como muchas de las personas que les fascina el arte, pero no me importó porque resultaste ser un ingeniero de sistemas que nunca terminó su abogacía y prefirió no negarse la oportunidad de un futuro financiero seguro; tu trayectoria profesional en el campo tecnológico me dio la impresión de balance.
 
Me conociste un en momento torpe de la vida. Me pregunto si aquella conmoción de transiciones te desilusiono de mí, si la diferencia de edad te asustó, o si tal vez fue no poder elevar tu posición social como hombre en el círculo en que nos conocimos, ya que no soy una mujer ni poderosa, ni rica, y mucho menos una reina de belleza. Me imagino tus contestas a estos pensamientos “soy un hombre feminista, ¡jamás pensaría así!” Pero como dije antes amor: existe una distancia entre lo que dices y lo que haces, aunque te falte la introspección para notarlo. Me diste una razón para dejarme la cual hasta el sol de hoy no creo.

De la confusión de tus silencios y desapegos me quedó dolor, tristeza y saudade.
 
¿A que le vi tanto potencial? Porque a decir verdad nunca llegamos a entablar una relación, solo nos llegamos a conocer y tratar de entender por medio de conversaciones, textos y caricias medio pudorosas que se dejaron librar por unos minutos para acabar con un beso fuerte y desesperado porque sabías que ya no me querías más en tu vida. Por compartir mis pensamientos, mi tiempo, mis risas, mi humor de nerda, y mi cuerpo, no me llegué a merecer un adiós de caballero con claridad y templanza. Solo la cortesía de hablar conmigo unos minutos más después del hecho, ser llevada a casa, y una llamada dos días después que me dejó sintiendo como un innovador vendiendo su última idea a un CEO que desde que escuchó la primera palabra supo que no la compraría pero al final dijo (como todos) “lo pensaré”.
 
Para una persona regular, recuperarse de esta situación no resulta tan difícil. ¿Cuál es la fórmula a seguir?

  • Trabajar y mantenerse ocupada
  • Salir con los amigos e ir a donde inviten
  • Viajar (en mi caso, un poco más de la cuenta)
  • Recrearse con un nuevo pasatiempo
  • Hablar con un consejero cuando sea necesario
  • Saturarse de experiencias
  • Cuando te sientas un poco más segura, salir con otros hombres

Seguí todo paso a paso. Pero cuanto más salia y más gente conocía, más amigos en común teníamos (desavenencias de vivir en una ciudad pequeña). Cuando ya no me soñaba con él, cuando pensaba que ya empezaba a olvidarlo, de repente la vida me lo recordaba con una canción, una coincidencia, una foto por Facebook, un nombre, etc. En fin, me ha llevado más de un año en lograr no pensarlo a pesar de otros besos, otros abrazos, otras salidas. Intenté empatizar con él, sabiendo que cada uno vivimos nuestros demonios y afectamos a los demás sin mucha conciencia. Intenté entender porque al querer dejarme me dijo “discúlpame si esto te duele”, ya que el si le quitó responsabilidad a él y la puso sobre mí (o sea, si me hieren sus acciones es porque así lo quiero). Intenté entender que el solo salía conmigo por divertirse un rato pero nunca me consideró una persona digna de cuidado, atención, y amor. Intenté tener simpatía por alguien que también ha sufrido por amor, por rechazo, por engaños y que con tanto atrofio le es fácil herir o jugar con los sentimientos ajenos – de pronto no conscientemente pero no le podemos pedir peras al olmo.

Otros ejercicios psicológicos consistieron en entender que culpa había tenido yo en todo esto. Acaso fui ¿grosera, ordinaria, ruin, ignorante, incompetente? Porque de parecerle boba no lo culpo… más de una vez dije tonterías por estar deslumbrada - con un hombre así no me echarían la culpa. ¡BELLO! Con una sonrisa amplia, ojos expresivos pero tristes que su palabrería y filosofía de "ser feliz y amarse a sí mismo" no lograban contradecir, de cuerpo cálido y sólido, de cabellos grises y suaves que se me enredaron en la blusa que llevaba puesta la última vez que lo vi. En fin, fue algo muy lindo y traumático a la vez. Que me pasó por ingenua y novicia, por no disfrutar el ahora, por no ser más peleona, por ser emocionalmente torpe… pero aprendí mucho de sí misma. Del cariño que aún me queda quiero desearle lo mejor en su vida, que encuentre a esa mujer que está buscando por el mundo y que me lo cuide, entienda, sepa proteger de si mismo y le enseñe a respetarla. También me gustaría darle las gracias por ayudarme a reentablar mi relación con el mundo del arte y sacar mis ideas adelante. A mí, entre tanto proyecto, viajadera, trabajo, y salidas, me queda el consuelo a medias de un examante por simple costumbre. Quedo con la esperanza de toparme con alguien que me quiera de verdad – no soy la última Coca-Cola del desierto pero un jugo de maracuyá no cae tan mal ;)  

A. Iaroc

Flores de peral para mi último M. 

Flores de peral para mi último M.